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Nuevo formato de la Champions League: cómo funciona la liguilla de 36 equipos

Nuevo formato de la Champions League con 36 equipos en fase liga y clasificación única

Cuando la UEFA anunció que iba a eliminar la fase de grupos de la Champions League, la reacción mayoritaria fue de escepticismo. Recuerdo perfectamente la conversación en una redacción deportiva de Madrid: «Van a cargarse lo que funciona para vender más partidos». Esa frase resume lo que muchos pensaban. Y sin embargo, la primera temporada con el nuevo formato — 2024-25 — terminó con récords de audiencia, de goles y con 35 de los 36 equipos cambiando de posición en la clasificación durante la última jornada. Los escépticos no desaparecieron, pero tuvieron que matizar bastante sus argumentos.

El nuevo formato de la Champions League sustituye los ocho grupos de cuatro equipos por una liguilla única de 36 participantes, donde cada club juega 8 partidos contra rivales distintos. Es el cambio estructural más profundo que ha vivido la competición desde que dejó de llamarse Copa de Europa en 1992. Y entenderlo bien es fundamental para seguir la temporada 2025-26, porque las reglas que determinan quién avanza, quién va a playoff y quién se va a casa son diferentes a todo lo que habíamos visto.

Llevo seis años analizando esta competición y he cubierto la transición al nuevo formato desde que era solo un borrador en los despachos de Nyon. En este artículo voy a explicar cómo funciona el sistema, qué resultados dio en su primera edición y qué implicaciones tiene para el futuro de la Champions League como competición y como negocio.

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Índice de contenidos
  1. Del grupo de ocho al sistema suizo
  2. Cómo funciona la fase liga paso a paso
  3. Balance de la primera edición (2024-25)
  4. Clasificación: vías de acceso (resumen)
  5. Lo que ganó y lo que perdió el fútbol europeo
  6. Un formato joven que aún debe demostrar

Del grupo de ocho al sistema suizo

Para entender por qué la UEFA cambió el formato, hay que entender primero qué problema intentaba resolver. La fase de grupos clásica, vigente desde 1999 en su forma de ocho grupos de cuatro, tenía un defecto estructural que llevaba años erosionando el atractivo de la competición: demasiados partidos muertos.

En la quinta y sexta jornada de la fase de grupos, la mayoría de las clasificaciones ya estaban decididas. Los grandes clubes solían asegurar su pase a octavos con dos o tres jornadas de margen, lo que convertía los últimos partidos en trámites donde se alineaban suplentes y el interés caía en picado. Los patrocinadores lo sabían, las televisiones lo sabían y la UEFA lo sabía. Las cifras de audiencia de las últimas jornadas de fase de grupos venían cayendo temporada tras temporada, y eso se traducía directamente en dinero perdido.

La propuesta de reforma empezó a tomar forma en 2021, cuando Čeferin la presentó como alternativa a la Superliga que impulsaban Real Madrid, Barcelona y Juventus. En aquel momento, el presidente de la UEFA vinculó el nuevo formato a la defensa del mérito deportivo: el rendimiento en la competición nacional debía seguir siendo la clave para la clasificación, dijo. El mensaje era claro — la Champions se reformaba, pero mantenía su estructura piramidal, a diferencia de la liga cerrada que proponían los tres clubes rebeldes.

El sistema suizo — que es como se conoce técnicamente el nuevo modelo — resuelve el problema de los partidos muertos de raíz. En lugar de ocho grupos separados, los 36 equipos comparten una única clasificación. Cada club juega 8 partidos (4 en casa, 4 fuera) contra rivales predeterminados por un sorteo basado en bombos. No hay ida y vuelta: cada enfrentamiento es a partido único. El resultado es una tabla general donde la posición importa en cada jornada, porque un empate o una derrota pueden significar caer del puesto 8 — que da acceso directo a octavos — al 25, que significa eliminación.

La idea no es nueva en el deporte. El sistema suizo se utiliza desde hace décadas en torneos de ajedrez, donde permite enfrentar a muchos participantes sin necesidad de que cada uno juegue contra todos. La UEFA lo adaptó al fútbol con un ingrediente adicional: el sorteo por bombos garantiza que cada equipo se enfrente a rivales de diferente nivel competitivo, evitando calendarios desequilibrados.

El cambio también afecta a los números: la fase de grupos generaba 96 partidos; la fase liga genera 144. Son 48 encuentros más que se emiten, se venden y se monetizan. Esa ampliación no es accidental: la temporada 2024-25 fue la primera del nuevo ciclo de derechos televisivos de la UEFA, que elevó los ingresos de la competición hasta los 4.400 millones de euros anuales.

Cómo funciona la fase liga paso a paso

La fase liga es el corazón del nuevo formato y, al mismo tiempo, la parte que más confusión genera entre los aficionados. He perdido la cuenta de cuántas veces me han preguntado «pero entonces, ¿contra quién juega mi equipo?» durante los meses previos a la temporada 2024-25. La respuesta requiere explicar un mecanismo que, una vez comprendido, resulta elegante en su lógica.

Clasificación única y los 8 partidos

Me gusta explicar la fase liga con una analogía sencilla: imagina una liga doméstica, pero donde cada equipo solo juega 8 de los 35 partidos posibles. No te enfrentas a todos, sino a una selección diseñada para equilibrar la dificultad. Tu posición en la tabla general al final de esas 8 jornadas determina tu destino.

Los 36 equipos participantes se dividen en cuatro bombos según su rendimiento previo y su coeficiente UEFA. En el sorteo, cada club recibe dos rivales de cada bombo: uno para jugar en casa y otro fuera. Eso garantiza un calendario variado: un equipo del bombo 1 se enfrentará a rivales fuertes y débiles, igual que uno del bombo 4. La diferencia es que el del bombo 1 tendrá, estadísticamente, un calendario algo más favorable.

Cada victoria vale 3 puntos y cada empate 1, exactamente igual que en una liga convencional. Lo que cambia es la consecuencia directa de cada resultado. En la fase de grupos antigua, un equipo como el Real Madrid podía permitirse perder un partido y seguir clasificado sin problemas. En la fase liga, esa derrota puede hundirte cuatro o cinco posiciones de golpe, porque compartes tabla con 35 rivales, no con tres.

Después de las 8 jornadas, la tabla se corta en tres bloques. Los 8 primeros clasificados pasan directamente a octavos de final. Los equipos del puesto 9 al 24 disputan un playoff a doble partido para completar el cuadro de octavos. Y los del 25 al 36 quedan eliminados de toda competición europea, sin red de seguridad: no bajan a la Europa League, se van a casa.

Playoffs, octavos y el camino al título

Los playoffs son la gran novedad de la fase eliminatoria. Se juegan en febrero, antes de los octavos, y enfrentan a los clasificados entre el 9.º y el 24.º puesto. El emparejamiento no es aleatorio: los equipos del 9.º al 16.º se emparejan con los del 17.º al 24.º, con ventaja de campo para los mejor clasificados. Es una ronda adicional que puede resultar cruel para clubes grandes que tuvieron una fase liga irregular.

Desde octavos en adelante, el formato vuelve a lo conocido: eliminatorias a doble partido (ida y vuelta) hasta la final, que se juega a partido único en una sede predeterminada. Cuartos, semifinales y final mantienen la estructura clásica que ha dado noches memorables durante décadas.

Un detalle que pasa desapercibido: la posición final en la fase liga también determina el emparejamiento en octavos. Los equipos que terminan entre el 1.º y el 8.º eligen rival entre los ganadores del playoff, y los mejor clasificados evitan a los rivales más peligrosos. Eso convierte cada punto de la fase liga en algo valioso, incluso para equipos que ya tienen la clasificación asegurada. No es lo mismo terminar primero que octavo.

Balance de la primera edición (2024-25)

Hay una pregunta que me hicieron docenas de veces antes de que empezara la temporada 2024-25: «¿Y si el nuevo formato resulta ser un desastre?». Era una pregunta legítima. Ningún ensayo previo podía simular lo que iba a ocurrir cuando 36 equipos profesionales, con plantillas millonarias y presión mediática constante, se enfrentaran a un sistema que ninguno había experimentado. La primera edición fue, en esencia, un experimento en tiempo real con 144 partidos de laboratorio.

Las cifras de la temporada 2024-25 le dieron la razón a la UEFA en casi todo lo que prometía. La fase liga registró una media de 3,26 goles por partido, la más alta en la historia de la Champions League. No fue solo un dato estadístico: cualquiera que siguiera la competición semana a semana notó que había más partidos abiertos, más remontadas y menos encuentros intrascendentes que en los últimos años de fase de grupos.

Aleksander Čeferin, presidente de la UEFA, lo resumió con satisfacción: cualquiera que ame el fútbol reconocería que esa temporada fue fantástica, con partidos increíbles que mantuvieron a los aficionados en vilo hasta el último momento. No era solo retórica institucional — los datos lo respaldaban.

El dato más espectacular fue lo que ocurrió en la última jornada: 35 de los 36 equipos cambiaron su posición en la clasificación. Solo uno mantuvo su puesto del principio al final. Eso significa que hasta el último partido del último día era relevante para casi todos los participantes, algo impensable en el antiguo formato donde la mitad de los equipos ya sabían su destino con dos jornadas de antelación.

El Arsenal cerró la fase liga como líder invicto con 8 victorias en 8 partidos, una marca que subraya tanto la calidad del equipo de Arteta como la exigencia del formato: ganar todos los partidos contra rivales de cuatro bombos distintos es una hazaña que no tiene precedente. En la otra cara de la moneda, clubes históricos como el Juventus o el Shakhtar Donetsk terminaron en zona de eliminación directa, confirmando que el nuevo sistema no perdona las irregularidades.

La fase de playoffs también ofreció momentos memorables. Eliminatorias que en el formato antiguo no habrían existido — porque esos equipos habrían quedado encuadrados en grupos distintos — se convirtieron en duelos a vida o muerte por un puesto en octavos. Esa ronda extra, que muchos veían como un añadido innecesario, resultó ser uno de los aciertos del modelo: prolongó la tensión competitiva hasta febrero sin sacrificar la calidad de los enfrentamientos.

La edición culminó con la final entre el PSG y el Inter de Milán en el Allianz Arena de Múnich, donde el equipo parisino se impuso 5-0 en la mayor goleada de la historia de una final de Champions. Un cierre espectacular para una primera temporada que sirvió como prueba de concepto y que dejó la sensación general de que el formato funciona, aunque necesita más ediciones para demostrar su consistencia.

Clasificación: vías de acceso (resumen)

Un aspecto que genera muchas dudas entre los aficionados es cómo llega un equipo a participar en la Champions League. La respuesta corta: a través de su liga doméstica o, en menor medida, por méritos en otras competiciones UEFA. Pero los detalles importan, y mucho, especialmente para los clubes que están en la frontera entre clasificarse y quedarse fuera.

En la temporada 2025-26 participaron 82 clubes europeos en el proceso completo, desde las rondas clasificatorias de verano hasta la fase liga. Los cuatro grandes campeonatos — España, Inglaterra, Italia y Alemania — aportan cuatro plazas directas cada uno a la fase liga. Francia tiene tres. El resto de países acceden a través de rondas previas que comienzan en julio y se extienden hasta finales de agosto. Esas previas son un filtro exigente: decenas de equipos compiten por unas pocas plazas restantes, y los clubes de ligas más pequeñas deben superar hasta cuatro eliminatorias antes de llegar a la fase liga. La reforma del formato no alteró sustancialmente estas vías de acceso, aunque sí amplió de 32 a 36 el número de plazas en la fase liga, lo que beneficia a ligas intermedias que antes quedaban fuera.

Lo que ganó y lo que perdió el fútbol europeo

Le pregunté a un director deportivo de un club español de nivel medio qué había cambiado para ellos con el nuevo formato. Su respuesta fue inmediata: «Más dinero por participar, más partidos para rentabilizar la inversión, pero también más desgaste físico. Es una moneda de dos caras». Esa dualidad resume bien el debate que rodea al nuevo sistema, un debate que va más allá de los goles por partido y toca cuestiones fundamentales sobre hacia dónde va el modelo de negocio del fútbol europeo.

Lo que ganó el fútbol europeo es emoción competitiva. La fase liga demostró que un formato con 36 equipos y clasificación única genera más incertidumbre, más partidos relevantes y más motivos para que el espectador casual sintonice un martes de octubre. Los 3,26 goles por partido no son casualidad: la presión de la clasificación obliga a atacar, porque un empate puede no ser suficiente para mantenerse entre los 24 primeros.

También ganaron los clubes medianos. Cuatro plazas adicionales respecto al formato anterior significan más oportunidades para ligas como la austríaca, la checa o la escocesa. Y los 18,62 millones de euros que cada participante recibe solo por estar en la fase liga representan un salvavidas económico para equipos que no cuentan con contratos televisivos millonarios en sus campeonatos nacionales.

Lo que perdió el fútbol es discutible, pero hay argumentos válidos. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, fue directo al respecto: el nuevo formato no es la solución a los problemas del fútbol europeo, tal como había predicho. Su crítica apunta a la saturación de partidos. Un equipo que llegue a la final de la Champions disputará un mínimo de 17 encuentros europeos en una temporada, frente a los 13 del formato anterior. Eso se traduce en más fatiga, más lesiones y más conflictos con los calendarios de las ligas nacionales.

Hay un tercer elemento que merece atención: la eliminación sin red de seguridad para los equipos que terminan entre el 25.º y el 36.º puesto. En el formato antiguo, el tercer clasificado de cada grupo caía a la Europa League. Ahora, los últimos 12 se van directamente a casa. Para un club que ha invertido millones en reforzar su plantilla pensando en la Champions, ser eliminado sin posibilidad de competir en Europa es un golpe económico y deportivo considerable.

El conflicto de calendarios tampoco es menor. Javier Tebas, presidente de LaLiga, ha sido vocal al respecto: las ligas nacionales son la industria del fútbol real, y cada partido adicional de Champions compite directamente con los intereses de los campeonatos domésticos. Si un equipo como el Barcelona o el Real Madrid llega al final de temporada con 60 o más partidos oficiales, el riesgo de que su rendimiento en LaLiga se resienta es real. Y eso afecta no solo al club, sino a la competitividad y el valor comercial de toda la liga.

Un formato joven que aún debe demostrar

Una temporada no basta para emitir un veredicto definitivo sobre un cambio de esta magnitud. El nuevo formato generó más goles, más emoción y más ingresos en su estreno, pero también provocó más partidos y plantea interrogantes sobre el desgaste a largo plazo. Lo que sí queda claro es que la UEFA no va a dar marcha atrás: los contratos televisivos del ciclo 2024-27 están firmados sobre la base de este modelo, y los 4.400 millones de euros anuales de ingresos son un argumento demasiado poderoso como para ignorarlo.

La segunda edición, la de 2025-26, confirmará si los datos de la primera fueron excepcionales o si el formato mantiene su nivel de competitividad. La fase liga ya ha arrancado con la misma estructura de 36 equipos y 8 partidos por club, y los primeros indicios apuntan a que la emoción se mantiene. Mi impresión, después de haber analizado cada jornada de la edición inaugural, es que el sistema suizo funciona a nivel matemático: la dispersión de puntos y la volatilidad de la clasificación son inherentes al modelo, no fruto de la novedad.

El verdadero test llegará cuando empiecen a acumularse las temporadas y los entrenadores aprendan a gestionar la carga de partidos. Si los mejores futbolistas llegan agotados a las eliminatorias de forma recurrente, la UEFA tendrá que ajustar el calendario o asumir que ha construido un formato comercialmente brillante pero deportivamente insostenible. De momento, el balance de la primera edición pesa a favor del cambio. Pero en el fútbol, como en la vida, una golondrina no hace verano.

Para entender cómo ha evolucionado la lista de campeones desde 1956, el palmarés completo de la Champions League ofrece el contexto histórico necesario.

¿Cuántos partidos juega cada equipo en la fase liga de la Champions?

Cada equipo disputa 8 partidos en la fase liga: 4 como local y 4 como visitante, contra rivales de los cuatro bombos del sorteo. No hay ida y vuelta; cada enfrentamiento es a partido único.

¿Qué pasa con los equipos que terminan entre el puesto 25 y el 36?

Los equipos clasificados entre el puesto 25 y el 36 quedan eliminados de la Champions League y de toda competición europea. A diferencia del formato anterior, no tienen la opción de descender a la Europa League.

¿El nuevo formato sustituye a la fase de grupos para siempre?

Sí, la UEFA ha reemplazado de forma permanente la fase de grupos por la fase liga con sistema suizo. El nuevo formato comenzó en la temporada 2024-25 y está diseñado para el ciclo de derechos televisivos 2024-27, sin fecha de revisión anunciada.

¿Cuántos goles por partido se marcaron en la fase liga 2024-25?

La fase liga de la Champions League 2024-25 registró una media de 3,26 goles por partido, la cifra más alta en la historia de la competición. Ese promedio superó ampliamente la media habitual de las fases de grupos de temporadas anteriores.

Creado por la redacción de «Ganador de la Champions».

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